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Varanasi: El umbral entre los mundos y la geografía de lo invisible

Varanasi: El umbral entre los mundos y la geografía de lo invisible

Existe un aforismo en la India que dice: “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que la tradición, incluso más antigua que la leyenda, y parece el doble de antigua que todas ellas juntas”. Como arqueóloga, me ha tocado excavar la tierra para encontrar el pasado; sin embargo, en Varanasi, el pasado no está enterrado. Flota en el río, se quema en las piras de leña de mango y acacia, y camina descalzo por callejones tan estrechos que parecen arterias de un organismo milenario.
Para el viajero contemporáneo, Varanasi suele ser un choque térmico y espiritual. No es una ciudad cómoda, pero es, posiblemente, el lugar más honesto del planeta. Aquí la muerte no es un tabú oculto tras las paredes de un hospital, sino un acto público, sagrado y, paradójicamente, una promesa de liberación. 

La topografía del espíritu: Los Ghats como escenario vital.

La estructura urbana de Varanasi es una lección de cosmogonía hindú. La ciudad se vuelca enteramente hacia el este, hacia el sol naciente, a través de los Ghats: Esas monumentales escalinatas de piedra que conectan el caos de la ciudad con la paz – a veces turbia – del río Ganges (Ganga Ma).

Desde una perspectiva antropológica, los 84 ghats de la ciudad no son simples muelles. Son espacios liminales, zonas de transición entre lo profano y lo divino. Cada uno tiene su propia personalidad y función social:

 

    • Assi Ghat: Situado en el extremo sur, es el lugar donde el río Assi se encuentra con el Ganges. Es el punto de inicio para muchos peregrinos y el lugar donde la mañana despierta con el Subah – e – Banaras, un ritual de cantos védicos y yoga que reconcilia el cuerpo con el entorno.
    • Dashashwamedh Ghat: El corazón palpitante. Según la leyenda, el propio Brahma sacrificó aquí diez caballos. Es el escenario del famoso Ganga Aarti nocturno, una coreografía de fuego y fe que desafía cualquier descripción lógica.
    • Manikarnika Ghat: El “Ghat de la incineración”. Es el lugar donde el fuego no se ha apagado en miles de años. Para el hindú, morir en Varanasi y ser cremado en Manikarnika significa alcanzar el Moksha: La liberación definitiva del ciclo de reencarnaciones (Samsara).

 

Imagen 1: Los Ghats en Varanasi

La antropología del ritual: El agua que todo lo lava.

Para entender Varanasi, el viajero debe despojarse de sus prejuicios occidentales sobre la higiene y la salud pública. Para los millones de devotos que acuden cada año, el Ganges no es un río contaminado; es la extensión líquida de la diosa Ganga.

El ritual del baño matutino es una de las manifestaciones de fe más potentes que he documentado. Al amanecer, cuando la bruma aún envuelve los palacios decadentes de los maharajás, hombres y mujeres se sumergen tres veces, recitando mantras. Este acto no busca limpiar el cuerpo físico, sino el “cuerpo sutil”. Es una purificación de los karmas pasados.

Como observadores, es crucial entender que no estamos ante un espectáculo turístico, sino ante un mecanismo de cohesión social que ha sobrevivido a invasiones mongolas, al colonialismo británico y a la globalización tecnológica. El Ganges es el eje en torno al cual gira la identidad de la india.

 

Imagen 2: Peregrinos bañandose al amanecer en el Ganges.

El laberinto de los Galis: Una ciudad de Capas y sombras.

Si los Ghats son la cara pública de la ciudad, los Galis (callejones) son su subconsciente. Al alejarse apenas diez metros del río, el viajero se interna en un laberinto donde la luz del sol rara vez toca el suelo.

Caminar por estos callejones es realizar una excavación arqueológica en vertical. Las bases de los edificios suelen ser de piedra antigua, con tallas que sugieren templos del periodo medieval temprano o de la era de las invasiones turco – afganas, mientras que los pisos superiores muestran balcones de madera de la era británica con cables enredados entre estatuas de arcilla de Ganesh.

En este laberinto, la vida ocurre a una escala microscópica:

 

  • El olor a incienso se mezcla con el del estiércol de vaca (animales sagrados que dominan el paso con una calma imperdurable)
  • Pequeños puestos de Lassi (yogurt artesanal) servidos en cuencos de barro que, tras su uso, se rompen contra el suelo para que la tierra recupere su materia.
  • Talleres donde se tejen las famosas sedas de Benarés, hilos de oro que han vestido a reinas y novias durante siglos.

La muerte como maestra: Una reflexión desde la antropología.

 

Muchos viajeros evitan los ghats de cremación por miedo o respeto, pero desde una mirada antropológica, Manikarnika y Harishchandra son los lugares más pedagógicos de la ciudad.

A diferencia de occidente, donde la muerte se higieniza y se esconde, en Varanasi la muerte es una celebración de la verdad. El cuerpo, envuelto en lienzos blancos que simbolizan la pureza del luto, es a menudo cubierto con mantos colores según su rango ritual es transportado en hombros por familiares masculinos en una última procesión hacia el río mientras cantan “Rama Nama Satya Hai” (El nombre de Dios es la verdad).

El fuego, elemento transmutador, reduce lo material a cenizas que luego se entregan al río. No hay llanto desesperado en los ghats; hay una aceptación solemne de la impermanencia. Observar este proceso ayuda al viajero a redimensionar sus propias preocupaciones y a entender la profunda resiliencia del pueblo indio

                                                                                                                                                            

El banquete sensorial: Sabores que cuentan historias.

 

No podemos entender la antropología de un pueblo sin pasar por su cocina. En Varanasi, comer es un acto de comunión. Al ser una de las ciudades más sagradas del hinduismo, la dieta es predominantemente sáttvica (vegetariana y sin cebolla ni ajo en los contextos más devotos). Aquí, la comida callejera no es solo sustento; es una herencia que se transmite de generación en generación.

    • El Kachori Sabzi: No hay mañana en Varanasi sin el aroma de las especias friéndose en grandes कढ़ाई (kadhai) Es el desayuno tradicional. El kachori es un pan frito, crujiente por fuera y relleno de una pasta de lentejas dhal o especias. Se sirve acompañado del Sabzi, un curry de patatas picante y caldoso que suele llevar una pizca de asafétida para la digestión. Lo fascinante de la antropología es el ritual de consumo: Se sirve en dona (cuencos hechos de hojas secas prensadas), sentados en un banco de madera desvencijado, compartiendo el espacio con peregrinos que acaban de salir del río. Es el sabor del despertar de la fe..

Imagen 3: Khachori Sabzi. El desayuno tradicional de Varanasi

 

    • El Paan de Benarés: Inmortalizado en canciones y poemas, el Banarasi paan es mucho más que un digestivo; es una pieza de artesanía comestible. Consiste en una hoja de betel untada con pasta de cal y catechu, rellena de una mezcla de nuez de areca, gulkand (pétalos de rosa dulces), especias y a veces tabaco ( aunque al viajero le recomiendo la versión dulce o meetha paan). El maestro del paan, el paanwala, dobla la hoja con una destreza quirúrgica. En la etiqueta social de Varanasi, ofrecer un paan es un gesto de hospitalidad y sofisticación. Al masticarlo, la boca se tiñe de un rojo intenso, una marca visual que define a los habitantes de Kashi.
    • El Lassi de Blue Lassi: Ubicado en un callejón cerca del ghat de cremación de Manikarnika, el Blue Lassi es una parada casi mística. A diferencia del Lassi liquido de otras ciudades, aquí es tan espeso que se come con cuchara de madera. Se elabora batiendo yogurt fresco en cuencos de barro individuales (kulhads). Lo que lo hace tan especial es la técnica del “malai” (la capa de crema superior) y la variedad de ingredientes: granada, azafrán, pistachos o plátano, machacados al momento. Beber de un cuenco de barro que luego arrojarás al suelo para que se desintegre en la tierra es la metáfora perfecta del ciclo de la vida en Varanasi.

Guía de etiqueta para el viajero consciente.

 

Varanasi es un templo abierto. Para navegarla con la sensibilidad de un antropólogo y el respeto de un invitado considera estos puntos para tener muy en cuentea durante tu visita:

1. El lenguaje del Calzado: Si en algún momento entras a algún templo, recuerda que el suelo de los lugares sagrados es puro. Quítate los zapatos no solo al entrar a un templo, sino también en muchas tiendas pequeñas o casas. Si ves una fila de sandalias en la puerta, es tu señal. Camina con humildad; en los callejones, recuerda que las vacas tienen siempre la prioridad de paso.
2. La santidad de los Ghats de cremación: Este es el punto más crítico. Manikarnika y Harishchandra NO SON ATRACCIONES TURÍSTICAS. Esta estrictamente prohibido tomar fotos o videos de las piras funerarias. Incluso si ves a otros hacerlo, mantén tu integridad. Observa desde una distancia respetuosa, en silencio, sin señalar y sin interrumpir a los dolientes es la única forma ética de estar presente. Recuerda que es un momento de liberación espiritual, no un decorado.
3. Vestimenta y decoro: Varanasi es conservadora, cómo muchas partes de India. Tanto hombres como mujeres deben vestir de forma modesta (hombros y rodillas cubiertos). Usar ropa local, como un kurta, no solo te ayuda a lidiar con el calor, sino que es visto como un gesto de respeto hacia la cultura local. Es muy importante que evites las muestras públicas de afecto; la devoción aquí ocupa todo el espacio emocional.
4. Limosnas y “Sadhus”: Verás a muchos hombres vestidos de color naranja (Sadhus) Algunos son ascetas genuinos, otros son personajes disfrazados para los turistas. Si quieres dar una limosna hazlo con discernimiento. Si quieres tomarles una foto, pregunta primero porque si no preguntas al hacer la fotografía te cobrarán y en algunos casos serán precios desorbitados. En cuanto a las donaciones es mejor hacerlo a las organizaciones benéficas locales que alimentan a los peregrinos ancianos en vez de dar el dinero indiscriminadamente en la calle, lo cual a veces fomenta dinámicas de mendicidad poco sanas.
5. Interacción con el río: Si haces un paseo en bote, no arrojes nada al agua. El Ganges en esta región ya enfrenta retos ecológicos inmensos. Puedes comprar una pequeña ofrenda de flores y una vela (diya) de los niños en los gahts; es una bonita forma de participar en el ritual y apoyar la economía local, siempre y cuando la base de la ofrenda sea de material biodegradable (hojas).
6. Manejo del “Shock” cultural: Habrá momentos de intensidad abrumadora (olores, ruidos, multitudes). En lugar de retraerte o ponerte nervioso/a, busca un lugar alto – un café en una terraza – y observa desde arriba. La antropología nos enseña que el “choque” es el primer paso hacia la comprensión profunda. No juzgues lo que no entiendes de inmediato; permite que la ciudad te hable en su propio idioma.
7. El ritmo de la ciudad: No intentes “verlo todo”. Varanasi te obliga a ir despacio. Siéntate en los escalones de Munshi Ghat y observa durante dos horas. Verás más de la India ahí que recorriendo diez museos.                                                                                                                        

    El retorno al origen.

    Varanasi no es un destino de “vacaciones”, es un destino de peregrinaje, seas creyente o no. Al final del día, cuando las lámparas de aceite flotan en el Ganges durante el Aarti nocturno y el sonido de las campanas satura el aire, uno comprende que esta ciudad no pertenece al mundo moderno aunque viva en él.
    Varanasi es un recordatorio de que somos parte de un ciclo mucho más grande. Como arqueóloga, me recuerda que lo que realmente perdura no son los muros de piedra, sino los gestos humanos, la fe inquebrantable y el agua que sigue fluyendo, lavando los pecados del mundo, siglo tras siglo.
    Si buscas un lugar que cambie tu forma de ver la vida (y la muerte), Varanasi te está esperando. No lleves demasiadas expectativas; lleva simplemente, el corazón abierto y los ojos dispuestos a ver lo invisible

    Saude Ganesh.

     

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    No es un viaje convencional…Tampoco es para todo el mundo…

    Quizá sea el siguiente paso en tu forma de viajar.

     

    Porque comprender Varanasi no empieza en sus templos, sino en el río que nunca deja de fluir.Aquí, el Ganges guarda el silencio… y el fuego cuenta la eternidad.

    Curiosidades

    ¿Por qué Varanasi también se llama Kashi o Benarés?

    La ciudad tiene varios nombres porque ha sido habitada durante milenios. Kashi es el nombre más antiguo y significa “la ciudad de la luz”. Benarés es la forma adoptada durante el periodo mogol y colonial. Hoy oficialmente se llama Varanasi por los ríos Varuna y Assi que delimitan su territorio sagrado.

    ¿Cuántos templos hay realmente en Varanasi?

    Se calcula que existen más de 2000 templos en la ciudad, aunque muchos son pequeños santuarios escondidos en los callejones. Algunos están literalmente incrustados en paredes o en las esquinas de los galis. Esto convierte a Varanasi en una de las ciudades con mayor densidad de espacios sagrados del planeta.

    ¿Por qué el río Ganges fluye hacia el norte en Varanasi?

    En la mayoría de su recorrido el Ganges fluye hacia el este, pero en Varanasi hace una curva y se orienta hacia el norte. En la cosmología hindú esto se considera extremadamente auspicioso, porque el norte está asociado con la liberación espiritual. Por eso la ciudad se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de la India.

     

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